Los efectos secundarios de la fama van más allá de los baños de masas y los clubes de fans. De eso saben mucho los músicos. Vivir con la muerte en los talones, heroína a diestro y siniestro o suicidios conscientes o ‘provocados’ apagaron para siempre la vida de muchos artistas. Las formas han sido diversas, pero, al fin y al cabo, todo se resume en lo mismo, desaparecer para siempre.

Cantantes como Janis Joplin, Kurt Cobain o Amy Winehouse, del famoso ‘Club de los (muertos a los) 27‘, son conocidos, además de por su música, por sus tórridos fallecimientos.

La muerte del líder de Nirvana, por poner un ejemplo, ha dejado un halo de misterio tal que al detective Poirot le habría supuesto el fin de su carrera.

Sin embargo, el caso de Kurt Cobain no es el único que ha trascendido por su incoherencia. A continuación os detallamos cuatro muertes relacionadas con el rock y el heavy metal cuyas circunstancias aún no han sido esclarecidas. En alguno de estos casos existen sospechosos de asesinato que ya están tan muertos como sus supuestas víctimas.

1. Jim Morrison

jim morrison flores

Hace pocos días salía a la palestra Marianne Faithfull, una cantante inglesa que afirmaba conocer al responsable de la muerte de Jim Morrison, líder de The Doors. Según la ex-amante de Mick Jagger, el francés Jean de Breteuil, que también fue su pareja, podría ser quien que le proporcionó a Morrison las dosis de droga letales. Breteuil era dealer, o camello, hablando en plata, de muchos rockeros y, gracias a sus contactos, se hizo con una cartera de clientes bastante sustanciosa.

La dulce Faithfull viajó a París junto a su apuesto francés poco antes del fatal desenlace. La noche del fallecimiento de Morrison, ella decidió no acompañar a su chico en el negocio callejero de la droga, y se quedó en la habitación del hotel tomando barbitúricos, ya que, tal y como ella misma explica, “intuía que algo malo iba a pasar”.

Este hecho ha dado lugar a muchas especulaciones. La versión oficial es que Morrison se suicidó el 3 de julio de 1971 en su piso parisino, la versión alternativa, que el cantante acabó con su vida en los servicios del Rock and Roll Circus de París, y que sus camellos, que al parecer tenía muchos, llevaron su cuerpo a su apartamento para intentar salvarlo.

Sea como fuere, la sexagenaria Faithfull ha dejado caer esta bomba en plena promoción de su próximo álbum, “Give My Love To London”, el cual se prevé que salga al mercado a finales de 2014. Las malas lenguas afirman que Faithfull pretende cobrar notoriedad gracias a la muerte de Morrison, aunque ella misma afirma que “poco se puede hacer ya” al respecto, ya que los posibles implicados están tan muertos como el ex-Door.

2. Crispin Dye

crispin dye

El que fuera mánager de AC/DC fue asaltado en mitad de una calle de Sydney, Australia, el 23 de diciembre de 1993. Le robaron y golpearon y, dos días después, murió a consecuencia de la paliza. Tenía tan sólo 41 años.

A día de hoy no se ha esclarecido nada acerca del asesino, así que dos décadas después la policía australiana ha reabierto el caso; se ofrece una recompensa de 100.000 dólares para aquél que proporcione pistas fidedignas que ayuden a la captura del malhechor.

Testigos, haberlos, “haylos”, como dicen de las meigas, así que algunos ya han relatado que vieron a tres hombres de 20 años, aproximadamente, cometer la brutal agresión. Seguramente el grosor de los cien mil dólares atraerá a muchos testigos, pero sólo habrá uno con la suficiente sangre fría (y suerte) como para embolsárselos.

3. Brian Jones

Brian-Jones

Al cuerpo sin vida del fundador de The Rolling Stones lo encontraron como al del protagonista de “El Gran Gatsby“, en el fondo de su propia piscina, sólo que sin el tiro de gracia. La charquita de Brian Jones ya había pertenecido al creador de “Winnie The Pooh“, A.A. Milne, pero, bromas aparte, el quid de la cuestión no está en quién fuera el dueño de la piscina maldita, sino en que las versiones del ahogamiento han sido hasta ahora contradictorias, interesadas y, en ocasiones, han estado llenas de odio.

Vistas de la piscina de Jones

Vistas de la piscina de Jones

Brian Jones murió el 3 de julio de 1969 y pasó a convertirse en otro miembro del “Club de los 27”. El famoso análisis toxicológico siempre parece determinante en estos casos para certificar una muerte por “sobredosis de alcohol y drogas” [sic]. Sin embargo, aunque era innegable que Jones estaba ‘colocado’ cuando murió, las fronteras entre la muerte accidental y el asesinato no están claras a día de hoy.

En este caso ocupan una posición determinante cinco personas próximas a Jones y a las que siempre se les consideró sospechosas: Frank Thorogood, el jefe de los albañiles que reformaban su mansión inglesa, tres trabajadores de éste y Tom Keylock, el chófer de los Stones y quien, supuestamente, quemó su jardín y robó sus carísimos enseres e instrumentos tras la muerte.

Con respecto a Thorogood y sus albañiles, éstos mantenían una relación complicada con Jones, ya que éste se quejaba del mal trabajo del constructor y sus chicos. El ex-Rolling le debía dinero, así que, durante una noche de juerga y excesos, las “inocentes” ahogadillas de Thorogood a Jones en la alberca de Winnie The Pooh pudieron provocarle la muerte al músico. Ésta es la versión de Anna Wohlin, su novia, aunque no es la única que tiene algo que decir.

Por otra parte, el polémico Jones también tenía problemas con algunos de los Rolling, en especial con Keith Richards, por lo que éstos no quedaron fuera de la polémica. Jones tenía los derechos de autor de la banda y al ser expulsado de ella, éste se negó a cederlos. Se especuló durante un tiempo con que Jagger y Richards podrían estar detrás de esto, aunque siempre lo han negado hasta la saciedad.

El hecho de que Richards lo amenazara con un cuchillo el mismo día en que Jones murió, debido a esta trifulca económica por los derechos de autor, también fue negado, aunque consta en un informe policial.

Se dice que Anna Wohlin, la novia de Jones, tuvo que huir de Inglaterra a Suecia para esconderse de las amenazas de muerte de Thorogood si ésta contaba algo. También se comenta que el albañil confesó la autoría de los hechos en 1993, en la intimidad de su lecho de muerte. Sea como fuere, este caso se reabrió en 2009 y en la actualidad la policía de Sussex sigue barajando unos datos muy similares a los que tenía hasta entonces.

4. Elliott Smith

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Este cantautor estadounidense se fue al otro barrio el 21 de octubre de 2003. Ya sabemos que todos los aquí presentes lucharon contra la drogadicción, el alcoholismo y trastornos derivados de sus adicciones, pero esto no siempre justifica una forma de morir tan cruel como la de Elliott Smith.

Smith se hizo muy conocido gracias a la canción “Miss Misery”, incluida en la banda sonora original de “El indomable Will Hunting”. Este tema estuvo nominado a los Oscar como mejor canción original. Antes de actuar como solista, Smith también tocó durante años en la banda de rock Heatmiser, con la que llegó a sacar varios discos.

En el caso de Smith, la causa del fallecimiento fueron tres puñaladas certeras en el pecho, aparentemente autoinfligidas, aunque la autopsia no es esclarecedora al respecto. El testimonio de su novia, Jennifer Chiba, apunta al suicidio como causa. Ella afirma que que vio cómo el músico se clavaba un cuchillo de sierra en el pecho y encontró un post-it de despedida con el siguiente mensaje, “I’m so sorry—love, Elliott. God forgive me” (“Lo siento mucho, con cariño, Elliott. Que Dios me perdone”)

Por otra parte, el productor del que sería su próximo álbum, Larry Crane, afirma que Chiba lo llamó para que se reuniera con Smith y ultimaran juntos los detalles de ese trabajo. Por lo tanto, le extraña mucho que quisiera suicidarse si estaba con un disco entre manos y en plena producción.

Como siempre, el informe del forense determinó el suicidio como causa de la muerte, aunque, en este caso, el análisis toxicológico no desveló sustancias en su cuerpo que lo pudieran haber matado. Hace tiempo que un periodista apuntó a la hipótesis del asesinato, pero parece ser que el caso se ha archivado y no se han tomado medidas.

 

Escrito por Laura Cañete Campos