La polémica de Tim Lambesis y As I Lay Dying ha generado un amplio y polarizado debate en las redes sociales. Aprovechamos la coyuntura para hacer algunas reflexiones.

Ayer mismo nos despertábamos con la noticia de que As I Lay Dying, banda hasta ese momento confirmada para la decimocuarta edicion del Resurrection Fest, había sido apartada del mismo. ¿La razón? Los antecedentes penales de Tim Lambesis, voz de la formación. Tim fue condenado a seis años de cárcel en mayo de 2014, considerado culpable de haber pagado a un sicario la cantidad de 1.000 dólares para matar a su mujer. El supuesto sicario era en realidad un oficial de policía infiltrado al que Tim había ofrecido dinero, la dirección de su mujer y los códigos de seguridad de su vivienda.

Habiendo cumplido la mitad de la condena junto a un regimen de libertad condicional y estando ya en paz con la justicia norteamericana, Lambesis volvía a la actividad musical hace unos diez meses emitiendo un comunicado en el que se disculpaba con todo el mundo:

“Las palabras no pueden empezar a expresar lo profundamente arrepentido que estoy por el daño que he causado. No hay defensa para lo que hice, y miro a la persona en la que me convertí con tanto desprecio como el que muchos de vosotros podéis tener.

Lo primero, pedir disculpas a mi ex mujer y a los extraordinarios niños por mis horribles acciones. No pasa ni un solo día en el que no desee poder deshacer el daño que causé, y debido al respeto de sus deseos no discutiré nada más sobre ellos (ni ahora ni en el futuro). También le pido a todo el que lea esto que promueva su cicatrización respetando su privacidad y defendiéndoles de cualquier negatividad o ira que debería ser dirigida hacia mí. Fui el único criminal y el único al que hay que culpar por todo lo que sucedió.

A mi familia, siento el trauma que tuvisteis que encarar y que posiblemente todavía sentís. Es una sentencia duradera que muchos de vosotros cumplís por mi culpa. Lo siento por mis amigos que fueron traicionados por todo lo que les oculté y por todas las dificultades que causé a la gente que trabajaba conmigo. Compañeros de banda, miembros del equipo, managers, abogados, agentes, la gente del sello, y más que tuvieron que sufrir muchos cambios inesperados debido a mis acciones. Mientras tenía que solventar las consecuencias de mi arresto, les respondía a muchos de ellos con una amargura que debería haber dirigido hacia mí mismo. Sé que no puedo deshacer la hostilidad que generé, pero espero arreglar lo que pueda de ahora en adelante. A la gente que me admiraba como artista, os he decepcionado en muchos modos. Traté de mostrar mi mejor cara al público, mientras alimentaba un creciente y horrible monstruo detrás de la puerta. Escribí letras sobre la persona que quería ser en lugar de la persona que era. Estaba viviendo una vida en la que faltaba empatía y veía todo a través de unas lentes emprendedoras.

No puedo decir con certeza cómo va a ser la vida de ahora en adelante ya que ahora todo es tan diferente y todavía estoy aprendiendo. La música siempre ha sido y siempre será parte de mí, y me ha ayudado a atravesar las zonas más oscuras de mi viaje. Sin embargo, esta disculpa no es una parte de promocionar nada. Los rumores circulan y es algo que he aprendido a aceptar, pero esta disculpa es simplemente eso, una disculpa a todo el mundo que me rodea.

Me he mantenido en silencio hacia el público desde que expresé mi arrepentimiento cuando me impusieron la sentencia, porque el tiempo parece el mejor modo de promover la cicatrización. Hoy se da la primera oportunidad para disculparme libremente sin ninguna motivación de ganar indulgencia en la corte, ya que he completado totalmente mi sentencia legal (incluyendo el cumplimiento de todos los requerimientos de la libertad condicional). Dejemos claro que no hay cantidad de tiempo que sirva para validar mis malas acciones. No siento que merezca una segunda oportunidad y no estoy pidiendo la confianza de nadie. El modo en el que mucha gente piensa sobre mí me hace sentir, y solo el tiempo dirá si mis futuras acciones se alinean con mi arrepentimiento, algo por lo que rezo cada día. En los últimos cinco años, el efecto ondular de mis acciones se ha extendido más allá de lo que un comunicado escrito puede reflejar. Por lo tanto, continuaré disculpándome tanto de palabra como de acciones.

Gracias por leerlo, Tim”.

 

Tres días después de ser confirmada su presencia (con su banda) en el festival gallego Resurrection Fest, la organización del mismo decidía apartarlos del cartel debido al descontento general y las presiones de sus asistentes, que incluso han llegado a crear peticiones en Change.org.

El debate en torno a este acontecimiento está muy polarizado, habiendo partidarios de la reinserción que afean la decisión del festival y un número considerable de personas que la aplauden. La polémica está servida.

Se han puesto sobre la mesa algunas cuestiones interesantes:

¿Debe prevalecer la vida privada de un músico por encima de su obra? ¿Es la decision del festival una maniobra para no alterar el buen rollo que suele reinar en sus eventos o simplemente una maniobra comercial? ¿Tratamos todos los casos por igual? ¿Es legitimo hacer una campaña en contra de una persona que ha cumplido su condena? ¿Tienen los festivales algún tipo de obligación moral para con su audiencia?

Muchas preguntas de muy difícil respuesta.

Si echamos la vista atrás nos encontramos con casos sonados como el de Varg Vikernes de Burzum, que asesinó a Øystein Aarseth “Euronymous” (líder y fundador de Mayhem) y que, tras una buena temporada a la sombra cumpliendo condena, no ha vuelto a subirse a un escenario. Aun así ha seguido editando discos siendo foco de muchas criticas e incluso considerándosele un bufón desde que despunta en YouTube con su concurrido canal. Muchos de los miembros de Mayhem o Darkthrone son conocidos simpatizantes de ideologías supremacistas, al menos en sus primeros años y nadie les ha impedido seguir subiéndose a un escenario, incluido el del Resurrection Fest.

Bård G. Eithun, más conocido como Faust, batería de Emperor hasta su encarcelamiento en 1992 por asesinar a un hombre gay en Lillehammer (Noruega), volvió a subirse a un escenario con la banda nada menos que en el Wacken en la gira 20 aniversario de “In the Nightside Eclipse” en 2014 y nadie dijo nada entonces. En un estilo similar, Jon Nödtveidt, líder de Dissection entraba en prisión en 1997 por participar en el asesinato de un hombre homosexual. Siete años después salía de la cárcel (en 2004) para volver a la actividad con su banda durante los dos años sucesivos, Wacken incluido, hasta que decidió quitarse la vida. Tampoco nadie dijo nada en su momento.

Mas allá del black metal tenemos el caso de Vince Neil, que en 1984 conduciendo borracho produjo un accidente contra otro coche en el que perdió la vida Nicholas “Razzle” Dingley, miembro de Hanoi Rocks que iba con él. Dos de los ocupantes del otro coche sufrieron (y suponemos que seguirán sufriendo) daño cerebral grave. Nadie ha impedido nunca a Motley Crüe subir a un escenario, o al menos no por esas cuestiones.

En el año 1989 un Ozzy Osbourne totalmente alcoholizado intentaba estrangular a su mujer, Sharon Osbourne. Sharon se salvó porque pudo pulsar un botón del pánico que había en la casa. El caso se denunció y se inició un juicio, aunque finalmente Sharon decidió no continuar porque se había reconciliado con su marido. Nadie nunca ha boicoteado a Osbourne, es más, el año que viene lo tendremos de nuevo en España.

Rick Allen, batería de Def Leppard abusó de su mujer en 1995 y fue detenido por ello. Fue condenado a asistir a reuniones de Alcohólicos Anónimos y a treinta días de trabajos por la comunidad borrando grafitis. Tampoco nadie le ha impedido nunca seguir ejerciendo su rol como batería.

Personajes como Ted Nugent o Phil Labonte de All That Remains son partidarios claros del uso de armas, lo cual no es tampoco un buen ejemplo a seguir, al menos a este lado del Atlántico.

Es innegable la influencia que la música o la afiliación a un determinado estilo musical tiene en la gente, pero lo que no parece estar tan claro es el criterio a seguir ante este tipo de circunstancias y sobre todo, no parece que la criba sea la misma para todos los artistas. Si vamos a hacer juicios de moral, quizás deberíamos plantearnos que este “problema” ya viene de muy lejos y no es algo exclusivo de nuestro tiempo.

Lo único que nos queda es esperar que este revuelo sirva para generar un debate sano y tratar de acercar las dos posturas.