El pasado lunes 18 de diciembre tuve el placer de asistir a una cita “paradisíaca” en el Hard Rock Café, nada menos que con la banda madrileña Sôber. El motivo de la rueda de prensa era doble: ponernos los dientes largos con el concierto que tendrá lugar el próximo 24 de febrero en el Palacio de Congresos de IFEMA en Madrid, y presentarnos su nuevo trabajo discográfico, “Sinfonía del Paradÿsso” que, como su propio nombre indica, es el Ave Fénix en formato sinfónico del álbum homónimo de 2002.

Con una cerveza en la mano y compartiendo sala con la Harley Davidson de Bono, la velada fue sublime. Estaban presentes todos los miembros de la formación: Carlos Escobedo, con su espectacular voz y su bajo, los guitarristas Jorge Escobedo y Antonio Bernardini y el batería Manuel Reyes. Allí nos dieron la libertad de hacer todo tipo de preguntas, no sólo a los medios de prensa, también a los fans que pudieron acceder al evento, incitándonos incluso a “buscarles las cosquillas”. Realmente ellos son muy íntimos y cercanos, y más majos que las pesetas.

Estos últimos tiempos están siendo una verdadera montaña rusa para Sôber que, no conformes con su gira “Vulcano”, se aventuraron en regrabar con mimo y esmero “Paradÿsso”. El resultado promete ser mágico, único y novedoso. Y a diferencia de lo que pueda parecer a priori, no va a ser un disco-directo, va a ser una integración total entre la orquesta y Sôber, que tendrá como resultado algo totalmente diferente a lo que pudimos escuchar hace 15 años.

Ellos son fans de las diéresis, de los circunflejos y del esfuerzo. Y están trabajando codo a codo con 55 músicos de la Orquesta sinfónica OCAS en este lento proceso, buscando que la sinfónica sea la protagonista, atendiendo a cada detalle, a cada arreglo, a cada ritmo, a cada instrumento. Moldeando desde cero las canciones, conservando su esencia.

Ante las incesantes dudas del porvenir de la banda, nos comentaron que grabarán en directo el concierto sinfónico y que planean extender el formato del show a otras ciudades, o que probablemente lo hagan en un formato diferente. Pero en cualquier caso, se auto-definieron como “culos inquietos”, y no parecen tener intención de parar.

No faltó un buen cierre con deleite acústico incluido, donde pudimos disfrutar de temas como “Náufrago”, “Diez años” o “Paradÿsso”. Todo esto acompañados de un violoncelista, que hizo sus veces de miel en los labios para dejar entrever un poco lo que será, con toda certeza, un gran espectáculo.

Es muy difícil para alguien como yo, que me he criado con esta banda de fondo en el coche de camino al cole, no escribir este artículo desde la emoción y la sinceridad. Y desde esa posición os digo que quedan pocas entradas para el concierto sinfónico del 24 de febrero, y si no compráis la vuestra es probable que acabéis… Arrepentidos.