Con un par, el domingo 2 de octubre fue la fecha escogida por los Red Hot Chili Peppers para su segunda actuación en Barcelona. Y digo con un par, porque poco les importó que nuestra cita coincidiese con el partido del Barça contra el Celta de Vigo en una de las ciudades más forofas de su club.

Y así se caldeaba el ambiente en la puerta del Palau Sant Jordi, todo un locus amoenus: con un pequeño puesto de cervezas haciendo su agosto y cientos de fans despachurrados en el césped doblando el codo, canturreando muy malamente “guivirrugüei guivirrugüei guivirruigüei nau” y luciendo sus viejas camisetas del tan mítico asterisco rojo.

Entrando sin prisa, sin pausa, y por suerte sin empujones ni aglomeraciones, nos vimos en la pista. La mayoría habíamos pensado tanto en ese momento, que más que una anticipación parecía un recuerdo.

En la larga espera de los que queríamos estar cerca del escenario, pudimos ver al grupo escogido como telonero: La Femme. Unos francesitos que tocaban mucho y muy repetitivamente el teclado, que sumado a la acústica regulera del Palau, dejó algo que desear. Algunos aprovecharon para comprar unas patatillas, otros para revisar en su móvil el marcador del partido y maldecir al Celta. Pero sólo era la transición justa y necesaria para disfrutar del motivo por el que habíamos acudido.

Y ¡bang! Una electrizante jam de apertura nos lo confirrmaba: estaban ahí. Y su trilogía de comienzo calentó más que Jesulín de Ubrique a las marujas en su concierto de Cuenca; no empezaron ni más ni menos que con un potentísimo Around the World, seguido de Otherside y deSnow.

Para los que hemos mamado Red Hot desde tiempos ancestrales, escuchar el bajo de “Around the World” fue todo un subidón. Y sólo un poco después se podía cantar al unísono un envolvente “How long, how long…” bajo un Palau ambientado en tonos azules. Rematando ese comienzo tan emblemático con uno de los riffs más peculiares del siglo XXI: el riff de Snow. Una entrada de 10. Y una cosa a halagar: los Red Hot han cambiado su setlist en cada concierto que han dado en España.

Pero ellos venían a presentar su nuevo disco: “The Getaway“. Así que cambiando totalmente su línea musical nos presentaron Dark Necessities. Es curioso, porque ni la Wikipedia sabe definir el estilo de los californianos. En la sección de “género” los catalogan como: Rock Alternativo, Funk Metal, Pop, Rock, Indie Rock, Heavy Metal, College Rock, Dance Rock, Rap Rock, Funk Rock. Son 10 líneas que distan mucho unas de otras, pero en las cuales saben surfear bastante bien.

Volvieron a dar un giro para ponerse muy funkarras y algo más duros conBlood Sugar Sex Magik”, recordándonos a esos RHCP del 91 chili picantones que tanto nos gustaban. Y con su juego de palabras consiguieron su objetivo: dejarnos a todos la sangre muy roja. Siguieron así un buen rato, oscilando por sus estilos, con una escenografía bonita pero, a mi juicio, demasiado pobre para un grupo de este calibre. Unas lamparitas led que subían y bajaban, bajaban y subían cambiando de color, y haciendo formas geométricas “chulis”; y una pantalla que proyectaba imágenes que, por lo general, rozaban la psicodelia.

Un cover de los Beatles: “Cry Baby Cry”, como si ellos no tuviesen repertorio de sobra para tocar durante 10 horas canciones que todos nos sepamos. “Me & My Friends”, “The Longest Wave”, “Look Around”… y ¡bang otra vez! Una sobrecogedora “Californication”, “hardcore, soft porn” fue exactamente lo que sentimos. Y recuerdos de un Frusciante que ha sido sustituido por un jovencito Josh, con cara de no saber muy bien qué hace ahí.

Nos colaron por ahí algo más de su nuevo álbum: “Go Robot” y “Detroit”; y un poquito de “One Hot Minute” con su tema “Aeroplane”, para volver a conmover con su brillante “Under the Bridge”.

Lo que podría haber sido un final apoteósico y acertadísimo se quedó en un simple “paro pa’ beber agua y ahora vuelvo”. Sí amigos, hablo de “By the Way”. “By the Way” elevó el concierto a su máximo exponente. Hubo tiempo para gritar el estribillo, hubo tiempo para grabar con el móvil, hubo tiempo hasta para un poco de violencia gratuita con un pequeño pogo del que disfrutamos los de las primeras filas.

Todo lo que vino después se quedó a la sombra de ese momentazo. Flea haciendo el pino, como en todas sus actuaciones; una versión de Black Sabbath que dejó lucirse un poquito a Josh en una jam con Chad; “Dreams of Samurai” fuera de lugar y un cierre que todos canturreábamos antes de entrar como preludio del fin: “Give it Away”, que terminó con Chad lanzando baquetas a diestro y siniestro. Y así se fueron de España hasta nuevo aviso. Hasta pronto, Pimientos Rojos Picantes e Incombustibles.