La noche del 24 de noviembre en Sevilla nos deparaba una buena ración de rock de la mano de Nashville Pussy y su banda acompañante The Lizards. Os lo contamos.

El viernes estaba programada para las 21:30 la apertura de la sala Fanatic para que los poseedores de una entrada pudieran presenciar el show que nos traían los norteamericanos Nashville Pussy, que en esta ocasión venían acompañados del trío barcelonés The Lizards. Lo cierto es que, muy probablemente debido a la distancia entre Sevilla y Santiago de Compostela (ciudad en la que actuaron el día anterior), la banda llegó más tarde de lo esperado y ello repercutió en el retraso generalizado de las pruebas de sonido y demás preparativos y por ende en el comienzo del evento.

The Lizards - Alex Márquez Photo

The Lizards – Alex Márquez Photo

Las puertas se abrían por fin con una hora de retraso, algo que en realidad benefició a The Lizards, ya que muchos de los asistentes llegaron a la sala en torno a las 23h, hora estipulada para el inicio del show de Nashville Pussy. A buen seguro de haberse respetado los horarios la audiencia inicial habría sido de al menos la mitad.

The Lizards son un power trio barcelonés con dos trabajos en el mercado. Venían a presentarnos “Road To Anywhere” en esta ocasión con su batería suplente, Francesc Galcerán (Los Re-Sonators) que sustituía a Edgar en las labores de percusión. La banda presentaba un set en este caso algo recortado debido a los retrasos.

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Tres fueron los temas que tuvieron que dejarse en el tintero, aunque no por ello perdieron el buen talante frente al público. Sonaron un total de nueve cortes, tres de ellos de su último trabajo: “Beware”, “Road To Anywhere” y “Twisted Mind”. El setlist giró en torno a su primer disco “Stalking The Prey” (2011) del que se pudieron escuchar canciones como “Burning City” o “Sing Out Loud”. Este primer concierto dejó un muy buen sabor de boca, preparando el terreno para los protagonistas de la noche: Nashville Pussy.

Nashville Pussy - Alex Márquez Photo

Nashville Pussy – Alex Márquez Photo

Hacía tres años y medio que Nashville Pussy no venia a Sevilla y a juzgar por la actitud de la gente, había ganas de verles. Es cierto que no estuvimos en ningún momento apretados, habría unas cien personas aquella noche en la Fanatic, cuyas instalaciones dejaron mucho que desear con respecto a ocasiones anteriores. Volvían a tener los altavoces colgando por encima de las cabezas de los integrantes de las primeras filas, lo que hacia casi inaudible la voz de Cartwright y los coros y difícilmente reconocibles algunos riffs. Nunca es tarde para volver a poner los altavoces en el suelo al nivel del escenario como en ocasiones anteriores. Nunca es tarde para permitir así que la audiencia escuche el concierto en igualdad de condiciones y con un mejor juego de luces como en anteriores eventos celebrados en esa misma sala. Honestamente, parecía que la Fanatic había encontrado la manera de funcionar óptimamente… hasta este pasado viernes. Una verdadera pena.

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Tras reacondicionar el escenario y hacer algunas pruebas en la batería de Ben Thomas, nuevo integrante de la formación, comenzaba el show. Después de una intro conocida por la mayoría de los asistentes (“Asi habló Zarathustra”) en una versión algo más desenfadada, iban ocupando sus posiciones los integrantes de la banda, Ben Thomas a la batería, Bonnie Buitrago al bajo, en el centro Blaine Cartwright a la voz y guitarra rítmica y a su izquierda su inseparable esposa Ruyter Suys, a la guitarra principal y portando un curioso gorro de trampero, al más puro estilo del sur de Estados Unidos.

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Seis fueron los temas extraídos del último trabajo de la banda “Up The Dosage” (2014): “Every Body’s Fault But Mine”, con el que abrían la descarga, “Pillbilly”, “Rub It To Death” o “Pussy’s Not A Dirty Word” así como la que le da título al disco, “Up The Dosage”, temas que supieron intercalar a la perfección con clásicos como “Piece of Ass”, “Go To Hell” o “Hate And Whiskey”.

Nashville Pussy - Alex Márquez Photo

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Bonnie Buitrago, de ascendencia colombiana, nos comentaba en castellano que tenían un nuevo tema que enseñarnos. Se trataba de “We Want A War”, un corte que vendrá recogido en el próximo trabajo de la banda, del que al parecer tendremos noticias muy pronto.

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La descarga finalizaba con una tanda de bises que hicieron la delicias de los que estaban allí congregados, terminando el concierto por todo lo alto. Blaine se llenaba el sombrero de cerveza para beber a morro de él y luego ponérselo encima. El alcohol es una constante en los conciertos de Nashville Pussy y eso se hizo notar. Sonaron “Struttin’ Cock” del álbum “High As Hell” (2000), “Why Why Why” de “From Hell To Texas” (2009) y la aclamadísima y solicitada a la banda desde que aparecieron en escena, “Go Motherfucker Go” del primer trabajo de la formación “Let Them Eat Pussy” (1998). No faltó el homenaje a Malcolm Young, recientemente fallecido, derramando un poco de whiskey en el suelo, que todo el mundo aplaudió y agradeció.

La banda se despedía entre aplausos mientras regalaba púas al público. Un buen concierto frente a una audiencia moderada, una experiencia que sin duda hay que repetir.