El pasado jueves llegaba a Sevilla la gira de una de las bandas que más han ascendido en los últimos años. Llegaba la fiesta pirata de de Alestorm.

Un jueves de la ya iniciada campaña navideña en Sevilla podría catalogarse como un jueves normal o algo movido si tu plan es ir de compras al centro de la ciudad. Si por el contrario lo que te espera al final del día es un concierto de Alestorm, podemos definirlo como un jueves apoteósico, de los que probablemente no olvides en meses.

A la hora de la apertura de puertas había una larga cola que a simple vista no parecía que pudiera caber en la minúscula sala. Llamaba la atención que un concierto con tanto potencial de convocatoria estuviera ubicado en una sala con tan poco aforo como la X (unas 200 personas), aunque parece que los promotores dieron en el clavo porque no se llegaron a vender todas las entradas. Aún así, ya para la primera banda la sala estaba abarrotada, haciendo que habitar las primeras filas fuera una cuestión de resistencia física y no de orden de llegada.

Skálmold - Alex Márquez Photo

Skálmold – Alex Márquez Photo

En esta gira, los escoceses venían acompañados de los islandeses Skálmöld, de ahí que hayan nombrado este tour como «Skalstorm European Tour». Desde las frías tierras del norte Skálmöld venían a presentar su último lanzamiento, «Sorgir», que está en el mercado desde mediados de octubre y del que pudimos escuchar un par de temas, «Móri»«Sverðið».

Cabe destacar que los islandeses contaban en esta ocasión con una teclista, Helga Ragnars (hermana de dos de los miembros de la banda), que sustituía a Gunnar Ben y con un guitarrista distinto, Einar Þór Jóhannsson que sustituía a Þráinn Árni Baldvinsson, músicos que por alguna razón que desconocemos no han podido girar con la banda esta vez.

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Lo cierto es que consiguieron movilizar a la audiencia en su escasa hora de concierto a pesar de la penumbra que se vivía en la sala. Apenas acertábamos a verles la cara, algo que sin duda deslució en cierta medida el show de Skálmöld. Algo que sí se veía claramente era una sonrisa de oreja a oreja en los rostros de los islandeses, en parte por el alcohol que ya llevarían en sus organismos y también en parte por la tremenda respuesta del público sevillano. En los últimos temas se sucedieron los circle pits a petición del carismático bajista Snæbjörn Ragnarsson en temas como «Múspell», «Niðavellir» o «Kvaðning», con el que terminaron la actuación y se despidieron para después bajar a mezclarse con el público.

Con muy buen sabor de boca y un ambiente totalmente festivo, los asistentes ya tomaban posiciones para el plato fuerte de la noche, los escoceses Alestorm. Venían presentando su último trabajo, «No Grave But The Sea», aunque ya lo habían hecho con anterioridad en España.

Alestorm – Alex Márquez Photo

Los técnicos preparaban el escenario al ritmo de «Bohemian Rhapsody». Retiraron la batería de la banda anterior para poner el teclado de Elliot, pero les fue imposible montar el pato de goma gigante que suelen incluir en su escenografía por una cuestión de espacio. Aún así pudimos disfrutar de su colorido telón. En esta última gira son menos piratas visualmente hablando, con una estética moderna y cercana, pero siempre con un concepto muy pulido y efectivo, algo que también se puede ver en otras bandas de Chris Bowles como GloryHammer.

Pasaban unos minutos de la hora estipulada cuando sonaba la intro, la BSO de «Sillas de montar calientes», (una película de Mel Brooks) y tras ella los miembros de la banda se subían al escenario para abrir con la rápida «Keelhauled», que desató la euforia de la gente con saltos desde el escenario incluidos. El tema homónimo de la formación, «Alestorm», sería el primero de su último trabajo en sonar, pero aún escucharíamos cinco cortes más a lo largo del show tales como la festiva «Mexico» o la que le da título al disco, «No Grave But The Sea» entre otras, ambas imprescindibles en el setlist y muy bien recibidas por una audiencia entregada.

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Chris Bowles nos preguntaba si había alguien en la sala al que no le gustaran las canciones lentas para introducir a continuación «Nancy The Tavern Wench». La brevísima «Rumpelkombo» y «1741 (The Battle Of Cartagena)» daban paso a uno de los momentos más divertidos de la noche. Se subían al escenario Joel, uno de los técnicos de guitarras, con una guitarra acústica colgada y Phil, un voluminoso amigo de la banda. Phil se bebió todas las cervezas que había sobre el escenario, que no eran pocas, y alguna más que le hacía llegar Paul, otro de los técnicos. Serían un total de 7 u 8 botellines seguidos con los que aún se mantenía en pie y perfectamente capacitado para hacer las partes de rapeo en «Hangover», que era el tema que a continuación interpretarían.

Paul y Joel, aún no siendo parte activa de la banda y solo del cuerpo de técnicos, se sumaron a la fiesta de una manera brutal: haciendo crowdsurfing por encima de las cabezas de las personas en la sala para llegar al escenario. Disfrutaron casi tanto como la banda y como los asistentes. Ese es en parte el encanto de las salas pequeñas, la cercanía y el contacto con la gente, la hermandad y la alegría compartida.

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En el fragor de la batalla se produce calor y el calor lleva a otras cosas, como por ejemplo a que Chris nos dijera que olíamos mal y que a algunos nos hacía falta un baño, algo que no era del todo desacertado. A continuación sonaban los acordes de «Pegleg Potion», su particular grog pirata, más parecido al de la saga de videojuegos de Monkey Island que a la bebida real.

«Bar Ünd Imbiss» nos contaba las aventuras de la banda en tabernas extrañas a lo largo del mundo y «Captain Morgan’s Revenge» nos proporcionaba un épico wall of death justo antes de cerrar el repertorio. La banda hacía el amago de bajarse del escenario pero quedaba la traca final con temas conocidos como «Drink», que casi le cuesta su integridad física a éste que os escribe.

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El set se cerraba con «Wolves Of The Sea» y «Fucked With An Anchor», que con sus explicita letra («Fuck! You! You’re a fucking wanker. We’re gonna punch you right in the balls. Fuck! You! With a fucking anchor. You’re all cunts so fuck you all») servía a Chris para interactuar una vez más con la gente, señalando a una persona por estrofa a la vez que los señalados le devolvían el gesto a Bowles.

La banda se despedía de su audiencia regalando púas, alguna baqueta y setlists, para luego bajarse saludar a los asistentes y hacerse alguna foto. Una noche memorable, con ambas bandas entregadas. Un espectáculo que esperamos poder volver a ver por tierras andaluzas en un futuro, quizás con un nuevo trabajo bajo el brazo.