Por fin llegaba el 4 de junio, ese día que teníamos marcado en rojo en nuestras agendas desde hacía tanto tiempo. A las cinco de la tarde varias filas rodeaban como un caracol el Estadio Vicente Calderón, que con este acontecimiento ponía punto y final a sus cincuenta años.

Varios furgones policiales cortando el tráfico nos avisaban de la multitud que nos íbamos a encontrar: miles de personas, uniformados con camisetas de la banda en sus diferentes versiones, de todas las edades, todos unidos por una misma pasión. Todos esperando para ver un acontecimiento que se había dilatado 23 años en suceder: el regreso de Axl Rose, Slash y Duff McKagan a Madrid.

A las seis de la tarde el Calderón habría sus puertas y los primeros afortunados comenzaban a entrar. Controles de seguridad fluidos, un puesto de merchandising -que ¿sorprendentemente? solo vendía cosas de Guns ‘N Roses y varias barras de bebida nos dieron la bienvenida y a las siete y media en punto daba comienzo la primera actuación, la de Tyler Bryant and The Shakedown. Ya habíamos podido ver su espectáculo como teloneros de AC/DC -con Axl Rose a las voces- en Sevilla y la verdad es que los estadounidenses supieron movilizar bastante bien a un público que ya de por sí tenía muchas ganas de fiesta. Pese a que les habían recortado algo el sonido y a que su imagen en las pantallas LED era pobre -incluso estaba torcida y no ocupaba la totalidad de las mismas- los cuarenta minutos que duraron su actuación fueron una auténtica celebración.

tyler bryant

También puntuales y a las ocho y veinte salía a escena Mark Lanegan, que llegaba para presentar su disco “Gargoyle” (2017). Ya haciendo cola en la entrada habíamos oído comentarios que mostraban el poco entusiasmo de los fans gunners por ver al músico y que se hicieron patente nada más subir éste al escenario. Si la actuación de Tyler Bryant había sido una fiesta la de Lanegan fue más bien un funeral. Hilando todos sus temas uno tras otro e intercalando de vez en cuando en medio un “gracias” con su rasgada voz, no daba el público muestra alguna de interés en su concierto. Una actuación que bajó bastante el ritmo y durante la que el público solo aplaudió cuando el músico se bajó del escenario y salieron los técnicos de Guns ‘N Roses al mismo.

Después de leer comentarios como que el Estadio de San Mamés no se había llenado o que el sonido había sido deficiente no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar pero todas nuestras dudas se disiparon cuando tras finalizar el concierto de Lanegan miramos hacia atrás y vimos que el estadio estaba prácticamente lleno y que la gente enloquecía cuando salían los técnicos a probar el sonido; que aplaudían enfebrecidos a los técnicos de luces que subían por las pequeñas escalas para controlar los focos personales de cada uno de los músicos. No había duda de que iba a ser un gran concierto.

Sobre las ocho y cuarto empezaron a sonar temas de Queen (“Another One Bites the Dust”, “We Are The Champion”…), que todos empezamos a corear y cinco minutos más tarde, diez antes de lo esperado, sonaba la intro de Looney Tunes seguida de parte de la banda sonora de la película “The Equalizer”, con todo aún apagado. El primer miembro en subir al escenario era Frank Ferrer, batería, que recibía una gran ovación. Se encendían todas las luces y mientras empezaba a sonar “It’s So Easy” ya podíamos ver a la formación reunida: Melissa Reese, encargada de los sintetizadores y teclados, Dizzy Reed, también a los teclados, Richard Fortus, guitarra rítmico y los muy esperados Duff McKagan, Axl Rose y Slash.

Destacar que, ahora sí, las pantallas laterales mostraban una magnífica imagen y en la central podíamos ver unas presentaciones audiovisuales que acompañaban a la actuación en todo momento y la hacían, si cabe, más mágica aún.

Tras hilvanar “Mr. Brownstone” y “Chinese Democracy” llegaban los primeros acordes de “Welcome To The Jungle”, que Axl anunciaba con un “You are in the jungle Madrid!, You’re gonna die!” mientras los 55.000 asistentes enloquecían como si se tratara de la primera canción de la noche. Durante la misma pudimos ver a Axl corriendo y bailando por el escenario, a Duff y Melissa haciendo los coros y a Slash entregado con su guitarra. Y para los que decían que el sonido era malo… os dejamos una muestra para que juzguéis vosotros mismos, si bien es verdad que la calidad del mismo variaba según la zona del estadio en la que cada cual se encontrara:

Sin parar, llegaba el turno de “Double Talkin’ Jive”, tema del álbum “Use Your Illusion I” y durante la que Slash tuvo tiempo para lucirse y demostrar porqué es uno de los guitarristas mejor valorados del mundo.

“Better”, de “Chinese Democracy” llegaba ante un estadio lleno hasta las trancas y aún con luz del día, con un Richard Fortus machacando su guitarra, Melissa respaldando a Axl con sus coros y éste cediendo su protagonismo a sus compañeros al principio del tema, así como algún pequeño acercamiento a Slash.

“Stranged”, del “Use Your Illusion II” servía para reponer fuerzas y bajar un poco el ritmo, aunque Axl seguía corriendo de una punta a otra del escenario, dándolo todo y el público coreaba los estribillos mientras escuchábamos los teclados de Dizzy.

Como preludio a otra de las más esperadas, “Rocket Queen” venía una versión de Wings, “Live and Let Die” que ya los Guns incluyeron en su día en el disco “Use Your Illusaxl roseion I” y que han hecho suya, pues la han tocado más veces que el propio McCartney. Los asistentes cantando cada riff, aplaudiendo y saltando mientras las animaciones nos mostraban balas, rosas y a los músicos en blanco y negro en las pantallas con un Axl pletórico y que parecía que sonreía.

Y ahora sí, llegaba el turno de otra de las más esperadas, “Rocket Queen” (de “Appetite For Destruction”), con la que pudimos ver un cambio de indumentaria de Axl, que a esta altura se había puesto y quitado la chaqueta, las gafas y ahora se cambiaba la primera chaqueta, roja, por otra negra mientras sus compañeros Duff, Richard y Slash tocaban los compases de introducción del tema. Tras la primera estrofa pudimos disfrutar de un solo de Richard Fortus quien, tras quince años en la banda, tuvo sus momentos de protagonismo y de quien pudimos apreciar que es un gran guitarrista, entregado y solvente, siempre con el marcado estilo punk que le caracteriza tanto a él como a McKagan. Slash, con su talk box, hizo disfrutar al público de un larguísimo solo que algunos calificaron como de los mejores momentos del concierto, aunque a servidora se le hizo algo largo.

Otro de los clásicos, “You Could Be Mine”, fue recibida con entusiasmo por los presentes, que la cantaron hasta la extenuación.

“Attitude”, versión de Misfits, fue el momento de lucimiento personal de Duff McKagan. Aunque fue corta -algo menos de tres minutos-, durante esta canción pudimos ver al bajista en todo su esplendor. Precedida por una intro de “You Can’t Put Your Arms Around A Memory” y acompañado por Fortus -que cambió su guitarra por otra acústica- y Slash, nos encantó ver a Duff como voz protagonista en su faceta más punk. Detallazo por cierto de McKagan que nos gustó fue que llevaba pintado con rotulador en su bajo el símbolo de Prince, fallecido hace algo más de un año.

Después de este breve paréntesis, cambio de vestuario (Axl salía con una chaqueta blanca esta vez) y de ritmo, pues el baladón “This I Love” venía para calmar el ambiente seguido de otro momento mágico con “Civil War”. Slash cambiaba su guitarra por una de doble mástil y Axl comenzaba a silbar. Por unos momentos se les podía ver próximos en el escenario aunque sin mirarse, sin rozarse… No importaba, pues el temazo que estaban interpretando magistralmente compensaba con creces todo lo demás y miles de voces cantaban todas y cada una de las estrofas de la canción.

Desde que falleciera en mayo, Guns ‘N Roses vienen rindiendo homenaje en su gira a Chris Cornell interpretando el tema de Soundgarden “Black Hole Sun”, y así lo hicieron una vez más el 4 de junio en Madrid, entre vítores del público. Una bonita versión que precedió a una larguísima “Coma”, donde unas constantes vitales verdes y rojas decoraban las pantallas. Tras esto, Axl Rose presenta a sus compañeros y al llegar el turno de Slash simplemente nos dice “¡Y a la guitarra…!” y deja que las ovaciones de la gente no le permitan continuar. ¿Intencionado? No lo sabemos pero Axl no llega a pronunciar el nombre de su compañero, que se marca un solo de varios minutos para continuar con una magistral versión de “El Padrino”, de Nino Rota. Preciosa.

axl y duff

Llegaba otra de las canciones más esperadas. Encadenando los últimos acordes del anterior tema con los primeros de “Sweet Child O’ Mine” todos enloquecíamos y cantábamos como si no hubiera un mañana y miles de móviles inmortalizaban el momento. “Out Ta Get Me” daba paso al cover de Pink Floyd “Wish You Were Here”, que comenzaba con todas las luces apagadas y Slash y Richard tocando sus guitarras. Todo estaba calmado, en un ambiente psicodélico, con un fondo de nubes en el que todos parecíamos flotar y volar. Un piano aparece en escena y ya sabemos lo que nos espera. Suena un fragmento de “Layla”, de Eric Clapton (la noche va de clásicos y homenajes) que enlaza con una balada de Axl al piano: “November Rain”, con imágenes de lluvia de fondo y todos cantando. Aún seguíamos en el cielo con el clásico de Dylan, “Knockin’ on Heaven’s Door” cuando de repente despertamos con la marchosa (y esperada por muchos) “Nightrain”.

Tras este larguísimo repertorio, que según muchos podían haber recortado, hacían un amago de marcharse aunque todos sabíamos que era la hora de los bises.

Ante mi sorpresa sonaba la preciosa “Don’t Cry” -con intro de “Melissa”, de The Allman Brothers Band, seguimos con los homenajes, en esta ocasión al recientemente fallecido Gregg Almann-. Y es que Guns ‘N Roses suelen tocar tres temas en sus bises, alternando “Dont’t Cry” con “Patience” pero se ve que les estaba gustando el concierto y decidieron regalarnos una canción extra, cosa que agradecimos todos los presentes. La versión de The Who “The Seeker” daba paso a la ya mencionada “Patience” y como colofón final, con fuegos artificiales y papelillos llegaba “Paradise City”. Todo un derroche de luz y color en una noche mágica, esperada por muchos y que para la que escribe cumplió con creces las expectativas.